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Rentabilidad

Sustituir experiencia por tecnología cuesta caro: el valor financiero del talento senior

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Redacción

25 de septiembre de 2026 · 4 min de lectura

Portada de Sustituir experiencia por tecnología cuesta caro: el valor financiero del talento senior

Foto: Pexels

En los comités directivos se ha extendido una presunción arriesgada: suponer que cualquier proceso operativo puede reemplazarse de inmediato con una herramienta digital y personal recién incorporado. Los datos del mercado comienzan a matizar ese entusiasmo. En el sector asegurador internacional, la implementación desordenada de herramientas de inteligencia artificial ya generó costos imprevistos por casi 1,000 millones de dólares debido a errores de cálculo, reprocesos y fricciones operativas que ningún algoritmo pudo anticipar.

Al mismo tiempo, el mercado laboral en México muestra una dinámica que exige cabeza fría. De acuerdo con el estudio de salarios y rotación de la firma Aon, la rotación de personal en el país se ubicó en 9.3% en 2025, tras haber alcanzado 10.7% en 2022. A la par, una medición documentada por El Economista revela que el 26% de los trabajadores mexicanos señala a la inflación como su principal inquietud económica, superando ampliamente el temor a perder el empleo. El colaborador busca certidumbre en su ingreso, mientras algunas direcciones cometen la equivocación de recortar nómina prescindiendo justamente de quienes sostienen el criterio operativo del negocio.

La lección de Andrea Pontremoli: el dato corre, el criterio decide

Para entender este desajuste conviene recurrir a una distinción que suele plantear Andrea Pontremoli, director general del fabricante automotriz Dallara: las plataformas tecnológicas procesan volúmenes inmensos de información a velocidades inalcanzables para el cerebro humano, pero carecen de contexto. La máquina responde sobre los datos con los que fue entrenada; el criterio humano, en cambio, interviene cuando las condiciones cambian y la realidad deja de coincidir con el manual.

En una empresa en crecimiento, ese criterio tiene nombre y apellido: el talento senior. No se trata de romantizar la antigüedad por el simple paso de los años, sino de reconocer el valor económico del conocimiento tácito. El colaborador que lleva una década en una planta de manufactura o en el área de distribución sabe cómo reacciona una máquina ante la humedad ambiental, identifica qué proveedor suele fallar en las entregas de fin de mes y reconoce de inmediato una orden de compra con especificaciones erróneas antes de que el lote entre a producción.

Cuando la dirección decide recortar a esos perfiles para sustituirlos por personal sin experiencia apoyado únicamente en software, suele registrar un ahorro inmediato en el renglón de nómina. Semanas después, ese margen aparente se diluye en garantías aplicadas, fletes urgentes para corregir entregas erróneas, clientes insatisfechos y horas de trabajo dedicadas a apagar incendios. La tecnología abarata la ejecución de lo predecible, pero el error imprevisto resulta muy costoso.

El puente multigeneracional en la operación cotidiana

El desafío de quien dirige no consiste en elegir entre modernización tecnológica o permanencia de la vieja guardia. La rentabilidad duradera se construye cuando ambos factores se integran en un sistema deliberado. En la práctica directiva, esto exige pasar de una administración que aísla a las áreas a una arquitectura que facilita la transferencia sistemática de criterio.

Este enfoque se traduce en tres decisiones concretas de dirección:

  1. Emparejamiento técnico inverso: En lugar de capacitar al personal experimentado de forma aislada, conviene diseñar células de trabajo integradas por un perfil joven con destreza digital y un colaborador senior con dominio del oficio. El primero acelera la adopción de nuevas herramientas; el segundo aporta los filtros de validación para evitar que el sistema emita resultados absurdos sin que nadie los cuestione.

  2. Auditoría de memoria operativa: Conviene hacer una revisión objetiva de los procesos críticos: compras estratégicas, calibración de líneas, cobranza compleja y negociación de contratos clave. Si la continuidad de esas operaciones reside únicamente en la memoria de dos personas próximas al retiro, la empresa enfrenta un riesgo financiero no provisionado. La tarea no es reemplazarlas de golpe, sino remunerar el tiempo que dedican a documentar sus criterios y formar a sus relevos con anticipación.

  3. Cálculo del costo real del retrabajo: Antes de celebrar una disminución en el costo de nómina por sustitución de personal, hay que examinar el estado de resultados con rigor. Suma las mermas de producción, las notas de crédito por inconformidad del cliente y las penalizaciones por retraso. En muchas organizaciones medianas, un solo error operativo grave cuesta tres veces más que la diferencia salarial anual de un especialista experimentado.

Dirigir con personas y con números

Dirigir una empresa implica armonizar emociones y números. Las cifras de rotación y los reportes de costos indican con frialdad si la operación avanza en orden. Sin embargo, quienes ejecutan, corrigen y cuidan los márgenes día con día son personas con criterio acumulado.

La tecnología es un amplificador: si el proceso tiene orden y criterio, el software potencia la rentabilidad; si la organización carece de experiencia y criterio humano, la tecnología acelerará la velocidad con la que se cometen equivocaciones costosas. Antes de autorizar la siguiente compra de licencias o firmar un ajuste en el organigrama, conviene preguntarse si la empresa cuenta con la memoria suficiente para validar lo que las pantallas le están mostrando.


Fuentes consultadas: Forbes México · El Economista · El Financiero