FILIPPO BONANI
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Manufactura

Subsidios al diésel y cobros al ferrocarril: la encrucijada logística que amenaza la caja de tu PyME

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Filippo Bonani

21 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura

Portada de Subsidios al diésel y cobros al ferrocarril: la encrucijada logística que amenaza la caja de tu PyME

Foto: Unsplash

El movimiento masivo de mercancías en México atraviesa una paradoja regulatoria y fiscal que ningún director general o dueño de PyME puede darse el lujo de ignorar. Por un lado, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ha decidido mantener por segunda semana consecutiva un estímulo fiscal del 100% a la cuota del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) asignado al diésel, dejando en cero el cobro de la tarifa de 7.3634 pesos por litro. La intención del Ejecutivo es clara: contener a toda costa el impacto del combustible en el transporte de carga para evitar que la inflación general vuelva a salirse de control.

Por el otro lado, sin embargo, el propio gobierno federal alista un incremento sustancial en el cobro de derechos por el uso y aprovechamiento de las vías férreas, pretendiendo elevar la tasa del 1.25% al 3% para aquellas concesiones que acumulan 16 o más años de vigencia. La reacción del sector no se ha hecho esperar: concesionarios estratégicos como CPKC (Canadian Pacific Kansas City) ya advierten sobre un inminente freno a la inversión privada en infraestructura ferroviaria si la medida prospera.

Esta contradicción en la política pública crea una ilusión de estabilidad en el corto plazo, pero siembra presiones estructurales de costos para los próximos trimestres. Para una empresa mediana de manufactura, distribución o logística, la pregunta relevante no es cuánto cuesta hoy llenar el tanque de un camión, sino cómo absorber el inevitable sobreprecio logístico cuando las distorsiones del mercado se trasladen a la factura final de los fletes.

La trampa del subsidio: por qué la anestesia fiscal no reduce las tarifas

El subsidio total al IEPS en el diésel alivia la caja inmediata del transportista, pero no resuelve la volatilidad operativa. El combustible representa entre el 30% y el 40% de los costos directos de operación en el autotransporte de carga. Aunque absorber la cuota de 7.3634 pesos por litro evita un brinco repentino en los precios al consumidor, la medida es de carácter semanal y temporal, sujeta a la disponibilidad del margen fiscal del gobierno federal.

Tratar de construir una estructura de costos sobre la premisa de que el diésel mantendrá subsidios permanentes es un error estratégico. Las empresas de autotransporte enfrentan otros factores de presión que no ceden: primas de seguros al alza por inseguridad carretera, encarecimiento de refacciones importadas y escasez de operadores calificados. De hecho, agrupaciones del sector como Elam-FawTrucks han enfatizado la necesidad urgente de vincular la inversión en infraestructura carretera directamente con la reducción de costos operativos para los transportistas.

Si tu empresa depende del flete terrestre para distribuir insumos o entregar producto terminado, trasladar la calma del diésel a tus contratos comerciales es un autoengaño. En cuanto el balance fiscal de Hacienda requiera retirar el estímulo, el ajuste en las tarifas de flete será inmediato, agresivo y sin margen de negociación.

La vía férrea y el cuello de botella intermodal

El ferrocarril ha sido históricamente la válvula de escape para mover grandes volúmenes de insumos industriales a un costo por tonelada-kilómetro sensiblemente menor al de la carretera. No obstante, encarecer el derecho de vía de 1.25% a 3% representa un incremento de más del 100% en la carga fiscal que pagan los operadores ferroviarios por el uso de la infraestructura concesionada.

Cuando una empresa ferroviaria ve amenazada su rentabilidad por un ajuste regulatorio de esta magnitud, la respuesta natural adopta dos caminos simultáneos: frena sus compromisos de inversión de largo plazo en señalización, espuelas y mantenimiento de vías, y traslada de inmediato el impacto regulatorio a las tarifas de los usuarios industriales.

El efecto dominó sobre las cadenas productivas es directo:

  1. Migración forzada hacia el autotransporte: Si la tarifa ferroviaria pierde competitividad frente al camión de carga, miles de toneladas regresarían a las carreteras, saturando las arterias logísticas del país y elevando la demanda —y los precios— del transporte terrestre.
  2. Deterioro de la infraestructura portuaria: Proyectos de gran escala, como los 70,000 millones de pesos que Hutchison Ports invierte en infraestructura portuaria y logística en el país, requieren una conectividad terrestre y ferroviaria eficiente para desalojar contenedores con agilidad. Si el eslabón ferroviario se encarece o se frena, el puerto se convierte en un cuello de botella.
  3. Ampliación de los tiempos de ciclo de inventario: La falta de inversión en capacidad ferroviaria genera demoras en patios de maniobras y cruces fronterizos, obligando a las empresas a incrementar sus inventarios de seguridad.

El impacto directo en tus semanas de oxígeno

En la consultoría financiera para empresas familiares y PyMEs, medimos la salud operativa a través de las semanas de oxígeno: el tiempo exacto que la caja puede mantener encendida la operación sin recurrir a deuda adicional ni recibir nuevos ingresos. Los costos logísticos son uno de los drenajes de caja más traicioneros porque no suelen consolidarse en un solo renglón de la contabilidad; aparecen dispersos entre compras de materia prima (fletes de entrada), gastos de venta (distribución) y mermas por retrasos.

Cuando la logística nacional se encarece por presiones regulatorio-fiscales, el impacto destruye el flujo de efectivo por dos vías distintas:

  • Por el lado de los insumos: Tus proveedores de materia prima te trasladarán el ajuste logístico de inmediato en el precio unitario de entrega.
  • Por el lado del capital de trabajo: Ante la incertidumbre de entregas o el encarecimiento de despachos frecuentes, la tentación de la gerencia es comprar más inventario para protegerse. Ese inventario detenido en almacén no es más que dinero en efectivo congelado que deja de generar rendimiento.

Un incremento no planeado de 8% a 12% en los costos integrales de flete y almacenamiento durante un trimestre puede recortar de forma drástica tus semanas de oxígeno, dejando a la empresa expuesta en un momento donde el financiamiento bancario tradicional mantiene costos elevados.

Tres decisiones de gobierno corporativo ante la encrucijada logística

Esperar a que las tarifas de transporte suban para reaccionar es administrar por crisis. Desde la perspectiva del gobierno corporativo y la dirección estratégica, el equipo directivo debe tomar tres acciones operativas inmediatas:

1. Auditoría integral de la cláusula de flete en contratos de suministro

Revisa minuciosamente cómo están pactados los términos de entrega (Incoterms o condiciones de flete) con tus principales proveedores y clientes. Si tus contratos establecen tarifas fijas de distribución sin indexación a variables claras o si absorbes el 100% del flete de entrada sin poder trasladarlo al precio de venta, estás asumiendo un riesgo ilimitado. Es momento de renegociar bandas de variación logística compartidas.

2. Evaluaciones de densidad y consolidación de carga

Muchas PyMEs pagan por mover aire. Si no cuentas con procesos rigurosos de consolidación de embarques o si despachas camiones a media capacidad para cumplir tiempos arbitrarios, el sobrecosto logístico absorberá tus márgenes. Rediseñar la programación de entregas e integrar alianzas de carga consolidada con otros actores de tu región debe ser una prioridad operativa hoy, no mañana.

3. Mapeo de vulnerabilidad modal (carretera vs. ferrocarril)

Determina con precisión qué porcentaje de tu volumen de insumos y producto terminado depende del sistema ferroviario y cuál del autotransporte. Si tus insumos clave se mueven por ferrocarril y el operador frena inversiones o eleva tarifas para absorber el nuevo cobro de derechos del 3%, debes tener un plan B terrestre cotizado y validado. Del mismo modo, si dependes exclusivamente de la carretera, calcula el impacto financiero que sufriría tu margen el día en que Hacienda retire el estímulo del 100% al IEPS del diésel.

La estabilidad que ofrece un subsidio temporal al combustible no debe cegar la visión de la dirección. El costo real de mover mercancías en México está sufriendo una reconfiguración profunda por la vía tributaria y regulatoria.

Si el costo total de tu logística subiera un 15% el próximo mes, ¿cuántas semanas de oxígeno le quedan a tu caja antes de tener que recortar la operación?


Fuentes consultadas: El Economista · MILENIO · Expansión · Expansión · El Economista