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Flujo de efectivo

Digitalizar el cobro sin rediseñar el margen castiga la liquidez

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Redacción

8 de octubre de 2026 · 4 min de lectura

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Foto: Pexels

La Cámara de Diputados aprobó el dictamen que expide la Ley de Economía Digital para disminuir el uso de efectivo e incentivar las transacciones electrónicas en el país. En paralelo, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público proyecta que la recaudación tributaria cierre 2026 en 15.4% del Producto Interno Bruto y alcance 9.2 billones de pesos en 2027, apoyada en mayor fiscalización digital y trazabilidad operativa. Para quien dirige una empresa, el mensaje de la autoridad es inequívoco: el efectivo deja de ser el canal predeterminado de intercambio comercial.

Frente a este mandato, la reacción más común en los comités directivos suele ser técnica o de mero cumplimiento: contratar terminales punto de venta, habilitar pasarelas de pago en el portal web y pedir a sistemas que enlace las cuentas bancarias. Sin embargo, abordar un cambio en la forma de cobrar como si fuera un simple trámite operativo deteriora el flujo de efectivo con rapidez.

La tecnología no crea rentabilidad por sí sola; solo acelera la lógica financiera del modelo sobre el que se monta.

El costo real de sustituir el papel por bits

El paso del efectivo a los canales electrónicos altera de inmediato la estructura de costos de cualquier distribuidora, comercio o empresa de servicios. Los pagos digitales conllevan comisiones por transacción, tarifas por renta de terminales, costos de pasarela y cargos por dispersión inmediata que oscilan habitualmente entre el 1.5% y más del 3.5% del valor bruto facturado.

En sectores donde el margen neto ronda el 6% o el 8%, ceder dos o tres puntos porcentuales al procesador de pagos equivale a entregar entre una tercera parte y la mitad de la utilidad neta de esa venta. A esto se suma el desfase en el capital de trabajo: el efectivo entraba en caja el mismo día; las liquidaciones bancarias y de agregadores retienen los fondos entre 24 y 72 horas hábiles, o cobran una sobretasa si se solicita disponibilidad inmediata.

Cuando una organización adopta pagos digitales sin revisar su estructura de precios ni sus plazos de tesorería, experimenta una paradoja amarga: las ventas se sostienen o crecen, pero el saldo disponible en la cuenta de cheques para pagar nóminas y proveedores disminuye.

Innovación no es comprar terminales, es repensar la propuesta

La distancia entre quienes padecen una transición regulatoria y quienes salen fortalecidos radica en el enfoque de dirección. Quien reacciona ve la ley como una imposición que encarece la operación; quien asume un rol de arquitecto aprovecha el cambio obligatorio para rediseñar la experiencia del cliente y la disciplina de margen.

Integrar medios digitales de pago abre alternativas que el efectivo bloqueaba:

  • Ticket promedio y venta cruzada: el consumidor que utiliza medios electrónicos tiende a elevar el monto de compra si encuentra opciones claras de financiamiento o paquetes de producto bien estructurados.
  • Automatización de cobranza recurrente: en contratos de servicios o distribución programada, la domiciliación y el cobro digital reducen la cartera vencida y eliminan los costos de gestoría manual.
  • Trazabilidad de inventario y datos de consumo: cada transacción electrónica genera información sobre hábitos de compra, horarios pico y recurrencia, insumos indispensables para afinar compras y evitar inmovilizar dinero en bodega.

La adopción tecnológica solo se sostiene si genera una ventaja operativa medible que compense con creces el costo financiero del canal.

Tres decisiones de dirección para absorber el cambio

Antes de firmar contratos con adquirentes o imponer nuevas políticas de cobro a la fuerza comercial, la dirección general necesita plantearse tres preguntas de criterio financiero:

  1. Auditoría de margen por canal de cobro: ¿Conocemos el margen de contribución real de cada línea de producto descontando la comisión del procesador de pagos? Si un producto de alta rotación subsidia comisiones de tarjeta sin ajuste en precio o volumen mínimo, ese producto está destruyendo valor.
  2. Calibración del ciclo de conversión de efectivo: Si el 40% de los cobros que antes eran inmediatos tardarán ahora dos días en reflejarse en banco, ¿cuál es el colchón de liquidez requerido para cubrir compromisos de nómina e impuestos sin recurrir a líneas de crédito caras?
  3. Política de incentivos comerciales: ¿El equipo de ventas comprende qué medios de pago favorecen la liquidez de la empresa, o sus comisiones se liquidan sobre la venta bruta sin importar si el dinero ya cayó en firme?

La obligación regulatoria avanza con independencia del ánimo del sector privado. El papel de quien dirige no consiste en lamentar las comisiones bancarias ni en resistirse a la fiscalización electrónica, sino en sentar al responsable comercial y al financiero en la misma mesa para asegurar que cada peso digitalizado fortalezca la solvencia del negocio en lugar de drenarla.